¿Son huellas en la arena?, sí, porque como los pies que caminan por ella todo lo que transcurre en nuestra vida se marca en nosotros, a veces la tormenta traerá olas que borren esas pisadas, otras soplará el viento, otras solo serán acaricidas por el mar, hasta formar parte de él. Como esas huellas nuestra existencia es efímera, pero ocupamos un momento en el tiempo, un lugar en la orilla, un instante cargado de belleza.

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miércoles, 9 de enero de 2013

LA FUERZA DE LA COSTUMBRE





Cuando los recién casados celebraron por primera vez la Nochebuena, ella se esmeró en preparar la cena repitiendo cuidadosamente las costumbres de su casa. En la mesa no faltaron flores, ni velas: todos los detalles habían sido cuidados con esmero. Al terminar el pescado él comentó:

-Mari, este besugo está extraordinario, pero dime ¿por qué le has cortado la cabeza antes de meterlo en el horno?
-Pues la verdad es que no sé, pero mi madre siempre lo ha hecho así…
Año tras año se repitió la escena hasta que una vez, al terminar de cenar, la esposa telefoneó a su madre:
-Mamá, ¿por qué hay que cortar la cabeza al besugo antes de introducirlo en el horno?
-Muy sencillo, hija. Tu padre siempre se empeña en comprar un ejemplar muy grande y mi besuguera es muy pequeña…


* “Siempre se ha hecho así” decimos a veces para justificar nuestras costumbres, hábitos o tradiciones, pero en pocas ocasiones nos molestamos en investigar las razones de esos comportamientos. ¿Qué ocurriría si algo, de vez en cuando, no fuera como siempre?

* Cuenta el evangelista: “Un sábado iba Jesús por entre unos sembrados. Sus discípulos se pusieron a arrancar espigas y desgranarlas entre las manos y comerse los granos. Algunos fariseos, al verlo, dijeron. ¿Por qué hacéis en día festivo lo que no está permitido?”. LC 6, 1-2

Texto y comentarios extraídos de: GÓNZALEZ PAZ, Antonio. Vivir al revés. Relatos para educar en valores. Madrid: PPC, 1999


Bonita foto, de luz liberadora de... nosotros mismos...

domingo, 29 de abril de 2012

EL SEÑOR DE LAS MOSCAS





Hubo un tiempo en que me dedicaba a comentar las películas .para uso personal- que veía para así releerlas si alguna vez necesitaba datos sobre alguna, y no tener que visionarla. Hoy me apetecía ver ¡Qué bello es vivir!, pero no escribí en su día sobre ella, así que me fijé en ésta que escribí en mi primer año de carrera y aquí la dejo por si sirve. Contiene Spoiler.

EL SEÑOR DE LAS MOSCAS. Nota 6`5.
Dir. Harry Hook.
Guión Sara Schiff (Novela: William Golding
Reparto: Balthazar Getty, Chris Furrh, Danuel Pipoly, Andrew Taft, Edward Taft, Gary Rule.

William Golding nos presenta el argumento de una película en la que la existencia de “derecho” se hace indispensable. Encontramos como la moralidad se mezcla con el derecho, donde el hombre, ser social tiene convivir en comunidad poniendo en evidencia su condición humana. Se crean conflictos de intereses y se debe buscar mediante el derecho un equilibrio de fuerzas.

El argumento parte de esa convivencia a la que un grupo de niños deben enfrentarse cuando tras estrellarse el avión en el que viajaban deben sobrevivir sin adultos en una isla. En principio se plantea la necesidad de elegir un líder, ya que el único adulto con el que contaban es el capitán y está mal herido, por lo que más que un soporte para el grupo es una preocupación. Se elige a Ralph que cuenta con dos importantes apoyos: Simon interesado por los débiles, ajenos a su propio beneficio, individual en sus decisiones y Porky, consejero de Ralph bajo el que protege su inseguridad, falta de confianza o miedo al rechazo, el caso de porky me resulta especialmente llamativo, ya que tiene numerosas cualidades, pero tal vez sea por su sobrepeso, que no cumple los cánones de la perfección (¿pero realmente cuales son esos cánones?), todas esas cualidades se ensombrecen a vista de sus propios compañeros – “amigos”. Establecen unas normas para la convivencia, desde la utilización de la caracola para hablar, (símbolo de potestad, de cierto privilegio sobre el resto), a la asamblea para tratar temas en beneficio de la sociedad futura, pudiendo participar con iniciativas cualquier persona que lo desee, por lo que se ofrece voz a todos los miembros. En la asamblea se propone establecimiento de normas que han de cumplirse bajo la coacción de sanciones, de forma que logren una determinada estabilidad. La coacción mediante sanción la podríamos observar por ejemplo en el caso del robo de la navaja de uno de los niños, donde la aparición del concepto de propiedad entra en escena, y la aplicación de justicia al incumplimiento de esa convención de respeto mutuo, respeto a lo ajeno provoca reacciones desde el silencio a acatar una sanción al comportamiento reprochable, al desacuerdo a que la convivencia ofrezca timbres de una vida de adulto, que no son otros que los de una vida un tanto más civilizada que la que los miembros que están en desacuerdo a ella proponen.

Encontramos otro modelo de líder, en este caso Jack, carismático pero que basa sus actuaciones en su beneficio y la fuerza. Se interponen los intereses de Jack como individuo al grupo, y es esa necesidad la que le invita a separarse de la comunidad para formar la suya propia, donde la escasez de recursos provoca conflictos con el campamento inicial, es la necesidad de tener aquello que escasea lo que provoca una lucha desmedida por poseerlo, ya sean puramente indispensables como innecesarias. Se crean dos sociedades, la primera con unas normas y búsqueda de sanciones, una sociedad más civilizada, y una segunda en la que se impone el salvajismo y el seguimiento de un líder ya sea por miedo a él (los gemelos pueden ser justificante de este miedo o de estos supuesto beneficios que ofrece formar parte del grupo de cazadores) o por la falsa liberad que les ofrece, ya que sin unas normas claramente establecidas como en el primer campamento se siguen las de este segundo líder (Jack) lo que les convierte en esclavos de su supuesta libertad. Jack crea una sociedad que se asemeja a una dictadura basando sus actuaciones un poder que él se otorga y donde el resto puede ser cuestionado y merecer castigo pero no él, porque hasta en la brutal matanza de Simón busca culpables a los que infligir latigazos y no se encuentra a si mismo que es el primero que la llevó a cabo.

En sus actuaciones también se evidencia un miedo a que sea cuestionado su mando, porque por naturaleza siente necesidad de convivir, pero aparece la inseparable hostilidad que amenaza con disolver su propia sociedad. La sociedad fortalece al hombre que es débil, y de este modo suple sus defectos y es capaz de obtener metas que de individualmente no puede lograr, quizá esa fortaleza se plasma en la formación del segundo grupo alrededor de Jack como líder, lo que le ofrece seguridad.

En la sociedad lógica y civilizada de Ralph, se establece una necesidad de organización ya que eso beneficiaría al grupo, tanto en el reparto de tareas, algo que en una de las asambleas recrimina al resto de los niños, al ver el desigual reparto de las mismas que se produce, como en asumir las responsabilidades  de cada componente con respecto a la comunidad (como cuidar la hoguera, que es la esperanza para su rescate) o cumplir horarios de forma que el retraso de unos no suponga el malestar de otros, es necesario que los individuos se den cuenta de las ventajas que la sociedad con una convivencia organizada puede acarrear. En la mente de Ralph, la necesidad de mantener la unión es siempre constante, incluso en los momentos en lo que ve que el grupo ya no está de su parte y que se encuentra solo ante el salvajismo y las descabelladas maneras de sus compañeros.

Tras la separación en dos bandos, aparece el miedo que se dibuja como una bestia inexistente a la que incluso se le hacen rituales por temor, pero a la que se persigue para matarla. En una isla donde el objetivo que en principio era sobrevivir unidos en la creencia en un rescate se transforma en la lucha hacia una bestia, siendo esta todo lo exterior al grupo desde los más alejados a él como es el caso del desconocimiento a lo que se encontraba en la cueva (el capitán), hasta aquello que aun estando cercano a ellos mismos es ajeno a su círculo como demuestran los continuos ataques de cazadores al grupo de Ralph o a este individualmente como si fuera un animal al final de la película. Gracias a ello vemos también la diferencia de trato que se da a lo propio de lo que no resulta ajeno (si estuviéramos hablando de nosotros sería el caso de la diferencia entre nuestra familia y un desconocido), en el caso de la película la forma de mirar (tratar) Jack a los que estaban de su lado es muy distinta de la que tiene con los que no han cruzado la línea para ser parte de su “escudo”.

Finalmente aparecen los militares a rescatar a los niños y de ese modo a Ralph, siendo ellos respetados por los cazadores, quizá por adultos, o por militares como símbolo de ley y orden, como símbolo de una vuelta a las normas, a las costumbres que aunque ellos no se dieran cuenta, son lo que realmente desean pues va en su propio beneficio, al menos que se viera, no oponen resistencia a su aparición, no huyen a esconderse y a seguir con esa nueva vida en la isla sino puede que sientan alivio al tener de nuevo unas directrices marcadas. Sin duda la mirada de Ralph muestra alegría y no creo que sea solo por el conocimiento de que se ha librado de la muerte...

Vemos la alusión que con las gafas o la navaja del campamento, se hace también a la propiedad al igual que ocurría con la navaja de uno de los niños a la propiedad tanto individual como común a la figura del campamento, es decir, a las personas que lo forman, y frases como “esto es del campamento” (en referencia a la navaja) o “lo lamentarás” (cuando matan a porky) indican la necesidad de una normativa rígida para asegurar un orden, un orden Ralph cree que podría haberse establecido y lamenta tras la muerte de Simon que no fuera así, auto culpándose de no haberlo mantenido. Estos objetos también crean conflictos (aun siendo objetos externos), tanto la navaja, que busca el ladrón de la misma o las gafas que por su utilidad para la creación de fuego provoca.

El ser humano es de generosidad limitada, y la envidia es una fuente permanente de conflictos. El ser humano tiene unas necesidades, el humanista Maslow las clasificaba en cinco niveles que debían satisfacerse de forma progresiva y aun no teniendo una plenamente satisfecha podía buscarse otra. Está búsqueda constante de necesidades aparece también reflejada en la película. Se busca paliar las necesidades primarias como el alimento, fuego..., seguidamente se busca mantener la unión del grupo, lo que cubriría la segunda necesidad, la de seguridad, y el grupo además en el caso de Jack se ocupa de cubrir la de status, lo que hace que el mismo se estime y de este modo cubra la cuarta, así al completar las anteriores Jack busca la autorrealización. Lo que pretendo decir con esto, es que el ser humano es insaciable y quizá esta característica sea fuente de su limitada generosidad ya que no da, para no arriesgarse a la posibilidad de perder o no tener.

En general es una película interesante que hace ver hasta donde seres en principio bondadosos como puede creerse por su edad, llegan a corromperse hasta el punto de asesinar conscientemente a uno de sus propios amigos, o de robar al grupo de Ralph. Vemos esa eterna debilidad humana, ese talón de Aquiles que forma parte de cada persona donde sus más descabellados instintos salen a relucir en situaciones límite, representados en la violencia juvenil.

Si partimos de esa afirmación de que el hombre es bueno por naturaleza y son las circunstancias externas las que le corrompen, las que lo envilecen, bien podría ser esta una de las imágenes clave que la película nos graba. No soy quien para decir si todos los humanos, seres teóricamente racionales y superiores al resto podemos dar un giro a nuestra personalidad tan brutal como el que la película muestra, si podemos llegar a ser tan ajenos a nuestros actos que convirtamos nuestro espacio en delincuencia, si no nos encontramos bajo la coacción tanto de nuestra propia moral como de una condena, pero resulta grato ver que si nuestra sociedad no del todo perfecta, el establecimiento de unas normas, la aleja de la barbarie. Y sin embargo es triste que tengamos que recurrir a la sanción y eso nos conduzca a perder la fe en el Dios que intenta salir al encuentro de cada uno. ¿Son deseables y necesarias las sanciones?, ¿debe primar la fe en la bondad del hombre y aliento de Dios en última instancia…?. Espero vuestras opiniones.

lunes, 19 de julio de 2010

VIOLENCIA DE GÉNERO



El pasado miércoles 14 de julio aparecía en el periódico que le ha correspondido a Almería el indudable honor de ser la provincia andaluza con mayor índice de víctimas por violencia de género, a raíz de lo cual recupero la mayor parte de un artículo que nunca se publicó y que escribí el pasado otoño. No sin antes hacer mención a cierto acontecimiento que me sucedió la semana pasada. La cosa ocurrió como os explico, me encontré con un amigo de la carrera al que felizmente saludé, y me puso al día de su situación laboral actual como abogado. Acababa de ganar un caso del tema que nos atañe, siendo el defensor del agresor, y cuando le pregunté cómo podía irse a dormir por las noches, me dijo "Cristina, en este caso mi cliente tenía justificación, ella se lo merecía". Me quedé impresionada, aturdida y decepcionada a partes iguales, ´pues resulta doloroso como nuevas generaciones que deberían tener cierta conciencia social, se unen al escuadrón de los que justifican la violencia, de los que la amparan en absurdas excusas, pues bajo ningún concepto ésta debe tener cabida, ni con suspuestas razones, ni sin ellas, pero sobre todo me dolió, escuchar esas palabars en alguien en quien creía como persona, en que creía ver valores y moralidad. No tuve opción de hacerle entrar en razón pues me esperaban - aunque por otro lado tampoco creo que hubiera podido-.

¿Acaso tratamos de batir un récord en este país? porque si así, yo me borro, reniego de los ciudadanos de mi España que cada día se tiñe más por el rojo de la sangre.

La LO 1/2004, de 28 de dic. De Medidas de Protección Integral Contra la Violencia de Género, introdujo una serie de modificaciones en el Código Penal. Modificó el Art. 148 agravando la pena, el 153 se constituyó como delito especial en el que el sujeto activo y pasivo, deben estar unidos por vínculos que se detallan. Pero, sin duda, la más interesante de las modificaciones fue la introducción del 173.2 y 3, el delito de Violencia doméstica. La reforma del 2004 consolidó la LO11/2003, convirtiendo faltas en un delito de prisión por el hecho de que el sujeto pasivo de las mismas sea una persona en concreto. Entre otros, y respecto a lo que al tema a tratar nos interesa, señala: Si fuese esposa o compañera sentimental entraría en ámbito del tipo agravado del 173.1, y al 173.2 pertenecerían quienes son o hayan sido cónyuges del autor, o estén o hayan estado ligados a él por análoga relación de afectividad.

Conocemos reputados penalistas como Del Moral, que temen efectos indeseables y desmesurados de la respuesta penal, pero ¿cuál debe ser la respuesta, sino todo el peso de la justicia ante delitos injustificables?. Decía Fichte “la ejecución del criminal, no es una pena, sino solo un instrumento de seguridad”. Cada vez que una mujer cae víctima del maltrato, no solo se la lesiona, hiere, mata, sino que se damnifica la estabilidad social. Si se ignora este hecho, se pone cuestión el consenso constitucional, tan delicado y frágil. Siguiendo con Fichte, “quien abandona el contrato ciudadano, en un punto en el que en el contrato se contaba con su prudencia, sea de modo violento o imprevisión, en sentido estricto pierde todos sus derechos como ciudadano y ser humano, y pasa a un estado de ausencia completa de derechos”. De ahí la imposición de la pena y necesidad de su dureza, no solo destinada a sancionar hechos cometidos, sino a asegurar la inexistencia de aberrantes y similares hechos futuros. Se busca la eliminación de un peligro, no exclusivamente intentar infructuosamente la compensación de un daño (pues la pérdida de la vida no puede compensarse).

El terrorismo doméstico es una lacra, un cáncer a estirpar de nuestro alrededor. Las víctimas deben denunciar, la familia apoyar, los medios de comunicación ser responsables, y no sensacionalistas, y la sociedad concienciarse.

Desgraciadamente no solo debería contabilizar los homicidios, pues hay muchas más formas de violencia que se expande como la malaria: agresiones sexuales, maltrato físico y moral, tráfico de mujeres, y prostitución...¿sigo? ¿Qué hacemos para frenarlo? Nuestros legisladores tienen en su mano la batuta que dirige nuestro bienestar, nuestro poder judicial la potestad de consagrarlo, tú y yo el deber de luchar porque así se haga. Deber de cambiar los estereotipos y valores vigentes, educar a nuestro entorno sobre el valor de la mujer, sobre la dignidad y responsabilidad de ser parte de un colectivo, ciudadanos del mundo, con derechos y deberes, respetuosos con quienes nos rodean, ¿te vas a quedar de brazos cruzados?

CRISTINA ISABEL CARRETERO ESTEBAN

lunes, 3 de mayo de 2010

Estado laico


De acuerdo al Art 16.3 CE “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y demás confesiones”. Es un artículo muy significativo y por encontrarse entre los fundamentales, es de hondo calado, pues exige un arduo proceso para su modificación.

Se desprende de ese artículo que cooperar el Estado con las confesiones no es una opción, sino una obligación. El Estado adquiere el compromiso de colaborar con la Iglesia Católica, en su sostenimiento y respeto de acuerdo al principio de libertad religiosa. Lo que afirma el 16.3 no es la no confesionalidad del estado sino la no estatalidad de las confesiones, un concepto que se presta a ser confundido con facilidad. Nos encontramos un sistema personalista y no paternalista ante lo religioso, el estado laico considera la opción religiosa como parte de la privacidad y libre elección del ciudadano y el Estado se limita a tutelar, velar por el ejercicio de dicha opción. Es Estado es incompetente de acuerdo al principio de laicidad en materia de credo religioso.

Estado laico y Estado laicista son dos fenómenos diversos. La laicidad no significa acabar con cualquier valor religioso y mantener la religión únicamente en el ámbito privado evitando e impidiendo cualquier manifestación externa, pues no es ateísmo o agnosticismo, dichas opciones expresarían un pronunciamiento del Estado de signo negativo. El Estado es lacio cuando examina lo religioso como factor inmerso en la realidad social, siendo susceptible de reconocimiento, garantía y promoción jurídicos. Consiste en que los ciudadanos y el Estado cooperen para que esa libertad religiosa sea posible.

España, se compromete en su Constitución a una actitud activa y positiva estableciendo en su LOLR un régimen jurídico pacticio con las confesiones que hayan alcanzado notorio arraigo en España. Y el notorio arraigo del catolicismo es muy a tener en cuenta, porque su libro en España no es una página de la historia en blanco, aunque los tiempos estén cambiando, y la práctica sea inferior la mayor parte de la sociedad creyente se sigue reflejando en su generalidad entre los católicos. La Iglesia pide:

1. Libertad para obrar en conciencia.
2. Libertad para anunciar la palabra de Dios., educar la fe y celebrar los sacramentos.
3. Libertad de organización interna.
4. Libertad para emitir juicios morales

En cuanto a tomar parte como Iglesia en determinadas posturas sociopolítica, en una sociedad democrática, tengo derecho a disentir de la ley, porque aunque sea Iglesia, no dejo de ser ciudadano, con libertad de pensamiento y opinión, derecho expresarla, y reconozco que cuando la Iglesia habla tiene efectos. La Iglesia además tiene derecho a recordar a los creyentes la importancia de su moral cristiana.

Dijo Bruno Forte “si el Dios de la Iglesia se ha metido completamente dentro de la aventura humana, la Iglesia de Dios no podrá quedar como espectadora de la Historia”.

Los cristianos somos un colectivo más, pero debemos saber hacer bien las cosas, la Iglesia desgraciadamente tiene muy mala imagen, en gran parte por sus detractores que conocen sus puntos débiles y hacen uso de la desunión que existe, y de grandes dosis de maldad, pero, tal vez también, porque en su afán por adoctrinar ésta, a veces se excede, y a la gente no se la engancha con doctrinas, sino con humanidad, tocándoles el corazón, la fibra sensible, mostrándoles lo positivo, y aceptando lo negativo con valentía, y luchando por erradicarlo. Como colectivo que somos debemos mostrar nuestro compromiso y vivencia de la fe en todos los sectores, en todo lo que hacemos, en cada minuto de nuestra vida, y no reducirlo a los rezos en la Iglesia.

En el voluntariado es evidente, debemos mostrar nuestra responsabilidad con lo más desfavorecidos, con los que carecen de nuestros privilegios. En la cultura, porque es la base de una sociedad y si se influye en ella positivamente, con horizontes claros, valores, convicciones fuertes, pueden obtenerse mejoras considerables. Si se omite la presencia de católicos en la cultura ocurre lo que escribió Alexis de Tocqueville:

Al gritar los que negaban el cristianismo y al callar los que aún creían en al, ocurrió lo que después hemos visto tantas veces entre nosotros, y no solo en materia de religión, sino en todas las demás. A los hombres que conservaban la antigua fe les asustó la idea de ser los únicos en permanecer fieles a ella, y temiendo más la soledad que el error, se unieron a la multitud, aun sin pensar como ella. De modo que lo que no era más que el sentimiento de una parte de la nación, pareció ser la opinión de todos, opinión que desde entonces pareció irresistible, incluso para aquellos que le daban esta falsa apariencia.

En cuanto a la intromisión en los medios de comunicación la mayoría de los ciudadanos se alimenta únicamente de la “cultura popular” transmitida sobre todo por los medios de comunicación de masas. Leía hace poco a González – Carvajal, que escribía que la presencia más importante de lo cristiano en los medios no está en programas de carácter religioso, sino en lograr una presencia “natural” de los valores humanos y cristianos en los relatos populares y en las narraciones de los mass media que alimentan los mitos y los valores de la cultura.
Si la cultura es la base del conocimiento y desde se conocimiento se pude influir, la política es sin duda le medio para hacerlo. Comparto la opinión de que el poder corrompe, pero la política es necesaria y es la vía para avanzar, para lograr metas, mejor estar dentro que fuera, solo es esencial que los que se dedican a ella velen siempre por mejorar las cosas y hacerlo con conciencia. Actuamos como somos, somos lo que creemos, no se puede separar lo personal de lo laboral por eso hay que acertar con quienes son las cabezas visibles de una institución como la Iglesia.
CRISTINA ISABEL CARRETERO ESTEBAN

lunes, 12 de abril de 2010

La lacra de la prostitución



Respondo con esta entrada a Roberto, que me pidió que me mojara en los temas y no me limitara a colgar lo que me interesara sin más. Y aun sabiendo que esa actitud es más controvertida, y hace mucho, muchísimo que no me atrevo a sentarme ante un folio en blanco por lo que mi práctica anda por los suelos, lo intentaré por esta vez.

LA LACRA DE LA PROSTITUCIÓN

Sería una actitud insensata la mía, y la de cualquiera, vendarse los ojos ante una realidad a todas luces palpable. La prostitución –la profesión más antigua del mundo-, existe. Está en nuestras calles, en los soportarles, en viviendas colindantes a la nuestra; a veces camuflada del rótulo de sauna, masajes, otras explícitamente anunciada, está la prostitución de los que tienen papeles y de los que no, de los hetero, homo, y transexuales, para todos los gustos, consentida, y denostada, pero esta ahí… Nos encontramos caminando entre dos sectores claramente diferenciados, los partidarios de su legalización y los que promueven su erradicación.

En el Capítulo V del Título VIII de nuestro código penal encontramos los delitos relativos a la prostitución y corrupción de menores. El Art. 187 dice “1. El que induzca, promueva, favorezca o facilite la prostitución de una persona menor de edad o incapaz, será castigado con las penas de prisión de uno a cuatro años y multa de doce a veinticuatro”, agravándose en supuestos que a lo largo del citado artículo y capítulo expone.

¿Cuáles son las claves de su existir?, al menos dos bastante obvias. En primer lugar, la que aunque creo minoritaria, es imposible descartar: la búsqueda del placer, tanto por el cliente, como por la persona que lo dispensa. La segunda, la carestía de patrimonio por parte de la misma. Hay quien se echará las manos a la cabeza por mi primera afirmación, es cuestión de opiniones; el fin de semana veía la película de Krzysztof Kieslowski Tres colores: Azul, en un momento determinado una de las actrices de una trama secundaria, afirmaba que se dedicaba a lo que lo hacía porque le gustaba, así de sencilla y tajante fue su frase, lo hacía porque a todo el mundo le gustaba (queda patente que no compartimos opinión). En cuando a la segunda premisa, qué duda cabe cuando vemos diariamente en las páginas de nuestros diarios, artículos dedicados a la trata de blancas, pornografía, inmigración…

Antes de avanzar más, diré que es evidente que mi postura es contraria a la existencia de un hábito que ataca de frente el Art 10.1 CE, en lo referente a la dignidad de la persona y sus derechos inherentes, es un atentado a los Derechos Fundamentales, un agravio a los Derechos Humanos, siendo una actitud reprobable. Comerciar con el cuerpo, poner un precio a algo que debería surgir fruto del amor según mis convicciones, o al menos de la libertad real, muestra hasta que punto se denigra a la persona. La cuestión es de ética básica, ni aun no existiendo coacción, intimidación, para dichos hechos, hay ausencia de libertad que nace de las condiciones deprimentes de las personas que la llevan a la práctica, carestía económica, falta de recursos, déficit cultural, drogadicción, la entrada en un círculo de autodestrucción fruto de esos acontecimientos y raíz para que se sigan produciendo.

La situación es trágica, dolorosa para las oferentes, pero también para la colectividad, para la sociedad en su conjunto. ¿Qué puede decir una madre a su hija de 10 años cuando le pregunta por qué hay una mujer en medio de la carretera, o en la esquina de una calle, en un parque, en pleno invierno con escasez de ropa, o peor aun, inclusive sin ella, cuando el buen tiempo aflora?.

Es un problema que requiere ayuda del Estado para facilitar programas eficaces que luche por su erradicación, y combatan concienciando a las personas que se dedican a su práctica, que eduquen en la igualdad y en el valor del SER, que ofrezcan ayudas para reinsertarse a una generalidad en condiciones laborales dignas para que no se recurra a un extremo ignominioso para la persona. Se debe sancionar duramente a los proxenetas, individuales o de organizaciones, condenas ejemplarizantes para ellos y para los que acuden a dichos servicios, de forma que el consumidor entienda lo errado de su conducta.

Cierto que la legalización otorgaría a este colectivo ciertos derechos, entre otros acceso a la sanidad, protección, derechos sindicales, pero, los antecedentes de otros países muestran que seguiría existiendo un sector ilegal, y aumentaría el tráfico. Entraríamos de esta forma, en el debate de si todo vale, sea cual sea el precio, y aquí se estaría pagando uno muy alto, la dignidad. La cuestión no está en si vives en una chabola pintártela de azul para que este “mona”, sino eliminar esa situación humillante, tirarla y darte una casa. Del mismo modo no podemos dar unas condiciones que mejoren lo infame, no podemos, no debemos ser permisivos con algo que supone un atropello a la moral, sino eliminarlo.