¿Son huellas en la arena?, sí, porque como los pies que caminan por ella todo lo que transcurre en nuestra vida se marca en nosotros, a veces la tormenta traerá olas que borren esas pisadas, otras soplará el viento, otras solo serán acaricidas por el mar, hasta formar parte de él. Como esas huellas nuestra existencia es efímera, pero ocupamos un momento en el tiempo, un lugar en la orilla, un instante cargado de belleza.

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domingo, 21 de abril de 2013

miércoles, 15 de diciembre de 2010

En una noche de sueños... de reyes...Navidad.





No era aquel caminar pausado, encogido en su abrigo, intentando ocultarse de miradas inquisidoras lo que hacía peculiar su presencia, casi etérea, en la grisacea tarde del frío invierno aquella víspera de reyes, ni tan siquiera esa nostálgica música que se tarareaba en su mente, esa melancolía que tintineaba en el alo que dejaba a su paso, sino su mirada febril, atormentada y pesusmbrosa que irradiaba una misteriosa atracción. Se mantenía inmóvil, fija en el vacío, en el infantil bullicio que se aglutinaba en las calles de una ciudad iluminada por sonrisas, regalos, compras, derroche… y algunos sueños... Una ciudad que ocultaba en gran parte, el verdadero sentido de la Navidad, todo lo accesorio lo hacía una época del año fascinante, que contribuía a su encanto, y conducía a un estado de alegría y buenas acciones constantes, pero que en ocasiones dejaba de lado el Centro.


Perdida, en medio de la nada, por momentos que a mí me parecieron horas... aislándome de los amigos de siempre que me acompañaban esa noche -y a los que ignoré por unos minutos- creí sentirme parte de esa figura, tal vez porque era la que cada uno lleva en sí mismo. En una noche mágica, en la que todo niño mantiene su sueño infantil de los reyes magos, bajo la mentirijilla del adulto -que intenta engañar al tiempo y regalarle unos minutos más de alegría a esa sonrisa tierna, que da el desconocimiento de la vida- le traerán sus peticiones bajo la promesa de un año cargado de buenas acciones. Esa mirada era una afirmación del conocimiento del despertar de la inocencia, del saber que el mundo no era aquella burbujita que le protegía a la corta edad que con el tiempo dejó de atrás, que esa noche podía iluminar los sueños de muchos, pero otros tantos no tenían siquiera derecho a soñar, que a la mañana siguiente incontables personas despertarían con regalos al lado de sus zapatos, junto al pesebre, o junto a aquel árbol con lucecitas que adornaba un rincón en su casa, pero otros tantos sentirían mayor felicidad porque ese día papá y mamá seguirían vivos, vivos a las enfermedades, a las de la sequía, el hambre, las catástrofes naturales... y las del hombre, y hoy podrían tomar una triste migaja de pan para desayunar; o felices acaso, porque esa Navidad, no la pasarían solos. Otros, en cambio, se levantarían lamentándose porque ese no era el color de la moto que querían conducir ese año, o la marca de televisión que había elegido, o con la videoconsola sus “incompetentes padres” no habían traído el juego ansiado...


Mientras, esas criaturillas, que esa mirada reconocía palmo a palmo aquella noche -en la cabalgata-, aun tenían la suerte de no ser conscientes de las realidades a las que esos reyes magos no podían hacer frente con su humilde deseo escrito en la carta de Navidad, no sabían que a pesar de su petición en ella, no podrían enfrentarse a las mentiras, las dobles caras y golpecitos en la espalda, los aduladores natos, los ricos que no comparten, los inútiles críticos, los poderosos e inconscientes gobernantes, el Prozac, la falta de esperanza, de fe, de ausencia de búsqueda de mejorarse cada día...


Su mirada escrutadora seguía en medio de la nada, viendo el caer de aquellos copos de nieve artificial, sobre los gorros que abrigaban las cabezas del público que asistía al espectáculo de carrozas, elefantes, camellos.... música, y lluvia de caramelos que hacía las delicias de grandes y chicos, mientras el aire frío, gélido se introducía jugueteando por su pelo, y se colocaba aquellos guantes de colores que le regalaron años atrás y que daban un nota de viveza a la figura grave, reservada tal vez, aquel 5 de enero, con un libro a medio leer en su mano derecha.


Una niñita de apenas 4 años tira a su padre de la bufanda que le cuelga al paso del rey Melchor, este lanza un caramelo, y parece dirigido especialmente para ella, y, al ver en sus relucientes y limpios ojos como los inunda la alegría, aquel rostro de mirada penetrante esboza una leve sonrisa, casi imperceptible, que la anima a tararear el villancico por el hilo musical oculto en el ramaje de los árboles, y que le aleja de los turbios pesares, y le devuelve a esa noche de fantasía que todos deberían tener derecho a poseer al menos una vez en la vida, fechas entrañables que adora, y le infunden oxígeno al corazón, pero que siempre le provocan sabor agridulce y, le hace saltar lágrimas en los ojos, … le pide a la noche que tarden en crecer.... quizá le recuerdan a ella...Y en la profundidad de su mirada, se atisba un flirteo en el abismo de la tristeza...

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Y HOY, HABLARÉ DE TI, DE UN ABRAZO, DE UN AMIGO.


Y es que, hoy es un día de esos en que necesito un abrazo, lo llevo necesitando desde hace ya unos días, el abrazo de un amigo, ese sincero y cálido que te agarrota el alma y te hace un nudo en el estómago, ese que hace que se pare el tiempo y te abstrae de todo, de tu alrededor, de tus tristezas, de tus pensamientos, de tus prisas, de tus miedos, incluso de ti misma… Uno de esos que se clavan en el corazón y se graban en la memoria, que te emociona, o tal vez te calma y serena, te alivia, un abrazo  único, de los que se dan en pocas ocasiones y con un sentimiento especial, entre dulce y tierno, entre protector y reconfortante, un abrazo de los que tienes que pedir, o de que leen en tus ojos que deseas recibir. 

Por eso hoy, me acuerdo de los mejores abrazos que he recibido en mis 25 años, tienen nombre y apellidos, y se han producido en distintas épocas de mi vida, algunos los he tenido de valientes en la materia sin miedo a mostrar su calidez en momentos muy clave, otros de expertas en demostrarte lo importante que eres en su vida y lo mucho que te quieren, y los últimos de un inexperto amigo que a base de pedírselos ha aprendido a darlos por fin con todo el corazón y algunos serán inolvidables…me hacen sonreir y hoy necesito uno de esos...

"Un amigo es más que un terapeuta o un confesor,
aun cuando un amigo pueda a veces curarnos
y ofrecernos el perdón de Dios.
Un amigo es esa otra persona con la cual podemos compartir nuestra soledad,
nuestro silencio y nuestra oración.
Un amigo es esa otra persona con quien podemos mirar un árbol y decir: 'Mira, ¡qué hermoso es!', o sentarnos en la playa y mirar como cae el sol.
Con un amigo no tenemos que decir ni hacer nada especial.
Con un amigo podemos permanecer en silencio y saber que Dios está allí, con los dos". 

Henri Nouwen. El Amigo. Palabras con Henri Nouwen

lunes, 18 de octubre de 2010

La familia no tiene un papel subsidiario





La familia es una unidad de vida interna con valores inalienables, parece que últimamente hablar de valores es como hablar de verdades vacías. Resulta curioso como hemos llegado a una fase tan importante y colmada en el terreno del desarrollo social que sin embargo no se corresponde con el moral o ético. Dichos pilares de cualquier sociedad deben fraguarse en la familia, pero ésta se encuentra acosada y desamparada a la hora de fomentarlos. El Estado debe actuar de forma subsidiaria, pero parece querer incluir su propia dogmática, y se hace otorgar el título de guardián poniendo en cuestionamiento la institución con más arraigo, o al menos privándola de derechos, es difícil encuadrar a la familia pero no se puede prescindir de ella dejando crecer árboles sin raíces.

Incontables padres aceptan un papel secundario haciendo dejación de una paternidad responsable, olvidando que son ellos los principales educadores de sus hijos, y el resto de instituciones lo son de forma auxiliar. La identidad personal nace en casa, con una ética y convicciones, inculcadas en el seno familiar. No pretendo dramatizar, pero vivimos una crisis insostenible, donde debe esclarecerse sin lugar a grietas, sin lugar no a luagunas, sino a mares enteros, que los mayores pedagogos SON LOS PADRES, son ellos, los principales encargados de educar el intelecto y la moral, de forjar la personalidad del niño, para convertirlo en un adulto de loables valores.

 ¿Será que no se cree en la familia por lo que hay pocos ofrecimientos para ella?. Ignoran que ésta es escuela de humanidad, cátedra donde se aprende a vivir como personas, lo que ayuda a entender el sentido de la vida, y comprender la responsabilidad y capacidad para el amor, para sí, y con los demás.

Estamos condenados a un futuro de miseria y empobrecimiento personal, abocados al fracaso, si no criamos a los hijos desde la búsqueda de virtudes que les engrandezcan como personas, pero esa labor no nace únicamente en leyes, proclamas del Estado, ni en las escuelas, ni en los medios de comunicación -obviamente ahí es donde menos nacen-, sino que brota, germina, en la familia, no es cuestión de nuevas leyes, o nuevas asignaturas que sobrepasan las competencias de la escuela, sino de un cambio integral de la persona, hacer de una correcta educación no en un ámbito de la vida, sino un MODELO DE VIDA, ésto se desarrolla en una educación con conocimiento de causa, con implicación absoluta, dejando de prestar tanta atención por parte del Estado a la galería, al prestigio social, y no, a lo que en realidad importa, la persona, el individuo, el adulto en potencia.

Hay chavales, hijos de la nueva generación verdaderamente maravillosos, yo creó en lo que está por venir, quiero creer, pero también algunos chavales, dictadores del hogar, en su tiranía, en su falta de escrúpulos que forman el día a día de muchos adolescentes pasa por unos cimientos de corcho, suelos de papel y paredes de paja; y por menosprecio de las funciones paternas, bien por decisión de los progenitores, bien por vejación de su labor en pro de una mayor inclusión estatal. Ni autócratas que eduquen a base de bofetadas, ni progresismo mal entendido, que permita pasar de la libertad al libertinaje, sino un ejercicio de educación desde la convicción sana, la labor de padre, desde el cariño y la firmeza, desde la ternura del beso y el abrazo, a la regañina a tiempo, impidiendo que el Estado socave funciones que no son de su incumbencia y reclamando protección a una institución de la que todos somos miembros.


miércoles, 13 de octubre de 2010

FLECHAS AMARILLAS





Flechas amarillas, desde que leí esas dos palabras hará ya un año en el libro Peregrinar por dentro y por fuera. Guía interior para peregrinos y caminantes, de Rodríguez Olaizola, que me regaló un buen amigo, se quedaron grabadas en mi cabeza, en algún lugar muy al fondo, latentes, y no fue hasta que hace unos meses volví de Galicia, de hacer el Camino de Santiago, cuando empezaron a retintinear  en ella. Comencé a hacerme preguntas por los verdes y arduos montes Lugo, donde esas flechas señalaban la dirección que tomar, el sendero seguro, cada vez que veíamos una, la sensación de alivio que nos envolvía es difícil de explicar, demasiado intensa por esos momentos en los que caminábamos kilómetros sin advertirlas, a veces con la sola y débil luz de la linterna en mitad de la noche, una luz tenue que ni siquiera bastaba para no tropezar. Pero, esas flechas tenían un significado oculto, uno, más allá de decirte donde estaba el km 0, eran también la base de una reflexión que me abordaría en mi viaje.

¿Quiénes eran mis flechas amarillas en la vida?. Supe la respuesta a esa pregunta con una inmediatez que no albergaba dudas, sin embargo, la cuestión entonces era por qué. Tal vez lo son, porque como esas flechas, nos señalan el camino cuando hay una encrucijada en nuestra vida, porque si bien, en ocasiones, no tienen la respuesta correcta a nuestras preguntas, a nuestras dudas, a nuestras incertidumbres, aunque a veces ni siquiera tienen respuesta, siempre están ahí para escucharnos, para darnos pistas, para plantearnos la pregunta desde otra perspectiva, a veces simplemente para abrazarnos con toda su ternura. Cuando estamos cerca, nos envuelve un sosiego, una serenidad, una seguridad… , porque nos sentimos protegidos, simplemente compartiendo el silencio a su lado. Son personas que animan con su simple presencia, y que tirando de su experiencia en la vida nos ayudan a orientarnos, su reflexión tranquila a observar el horizonte con optimismo, con más luz de la que creíamos que tenía, a vislumbrar la senda correcta, quizá no la más rápida, quizá no la más fácil. Quizá incluso, pueden cometer errores en su orientación como flechas amarillas, que no están claras en el camino, pero al menos su referencia nos transmite calma, pues son una ayuda, fuente de paz y claridad. 

¿Qué tienen?, caminan paralelos a la utopía, porque la esperanza es su compañera de viaje, a veces, te regalan el que formes parte de su vida compartiendo sus propias tristezas y sus gozos. Irradian alegría a su paso, escuché una canción que hablaba de ellos, y era cierta su letra, pues algunos sacan lo mejor de sí en la tierra, porque viven con su mirada puesta en el cielo. Nos causan admiración por como son, por como sienten, por lo que desprenden, porque intentan encontrar lo mejor en los demás, dando igualmente lo mejor. Quizá puedan fallar en ocasiones, como he dicho, son humanos, por tanto imperfectos, pero, son dueños de una luz interior, que te hace saber que Dios les cuida, por ello, debemos darle gracias por haberlos cruzado en nuestro camino. Son esas personas, con una dulzura en su forma de mirarte que acompañan con una leve y casi imperceptible sonrisa, con la que sabes sentirte comprendida, con la que la certeza de que eres importante para esa otra persona que se preocupa por ti, te hincha el pecho, y te hace en un suspiro soltar el aire que aprisionan tus pulmones.

Acaso, su labor ni siquiera es marcar la ruta, sino quizá solo es eso, saber que están ahí, para ti, porque aunque los tape algún matorral, aunque no se dejen ver en kilómetros,… están. Y es que, a veces, agobiados, golpeamos una piedra con nuestros torpes y cansados pies, y viene a chocar en ellas, porque somos así de brutos, y no nos damos cuenta de que las podemos desconchar un poco. Es entonces, cuando debemos reaccionar a tiempo y arreglar lo que estropeamos, demostrándoles que las querríamos en nuestro caminar, no por egoísmo, porque las necesitemos, no, sino que las querríamos siempre, porque son esenciales por su simple ser, aunque no fueras guías eso no mermaría su belleza y su importancia. Y entonces, comprendes que esas flechas tienen mucho de mágico, porque a cambio no piden nada, solo les hace felices estar ahí para ti, porque es lo que tienen, su generosidad infinita. Y tú, impotente, solo puedes darle a cambio una mano de pintura si se cuartean, sembrar de flores su alrededor, ser también paño si alguna vez el barro y la lluvia las ensucia un poco, mimarlas, cuidarlas, agradecerles todos los días de tu vida su hermoso existir, y grabar esas flechas en ti, para siempre.

lunes, 19 de julio de 2010

VIOLENCIA DE GÉNERO



El pasado miércoles 14 de julio aparecía en el periódico que le ha correspondido a Almería el indudable honor de ser la provincia andaluza con mayor índice de víctimas por violencia de género, a raíz de lo cual recupero la mayor parte de un artículo que nunca se publicó y que escribí el pasado otoño. No sin antes hacer mención a cierto acontecimiento que me sucedió la semana pasada. La cosa ocurrió como os explico, me encontré con un amigo de la carrera al que felizmente saludé, y me puso al día de su situación laboral actual como abogado. Acababa de ganar un caso del tema que nos atañe, siendo el defensor del agresor, y cuando le pregunté cómo podía irse a dormir por las noches, me dijo "Cristina, en este caso mi cliente tenía justificación, ella se lo merecía". Me quedé impresionada, aturdida y decepcionada a partes iguales, ´pues resulta doloroso como nuevas generaciones que deberían tener cierta conciencia social, se unen al escuadrón de los que justifican la violencia, de los que la amparan en absurdas excusas, pues bajo ningún concepto ésta debe tener cabida, ni con suspuestas razones, ni sin ellas, pero sobre todo me dolió, escuchar esas palabars en alguien en quien creía como persona, en que creía ver valores y moralidad. No tuve opción de hacerle entrar en razón pues me esperaban - aunque por otro lado tampoco creo que hubiera podido-.

¿Acaso tratamos de batir un récord en este país? porque si así, yo me borro, reniego de los ciudadanos de mi España que cada día se tiñe más por el rojo de la sangre.

La LO 1/2004, de 28 de dic. De Medidas de Protección Integral Contra la Violencia de Género, introdujo una serie de modificaciones en el Código Penal. Modificó el Art. 148 agravando la pena, el 153 se constituyó como delito especial en el que el sujeto activo y pasivo, deben estar unidos por vínculos que se detallan. Pero, sin duda, la más interesante de las modificaciones fue la introducción del 173.2 y 3, el delito de Violencia doméstica. La reforma del 2004 consolidó la LO11/2003, convirtiendo faltas en un delito de prisión por el hecho de que el sujeto pasivo de las mismas sea una persona en concreto. Entre otros, y respecto a lo que al tema a tratar nos interesa, señala: Si fuese esposa o compañera sentimental entraría en ámbito del tipo agravado del 173.1, y al 173.2 pertenecerían quienes son o hayan sido cónyuges del autor, o estén o hayan estado ligados a él por análoga relación de afectividad.

Conocemos reputados penalistas como Del Moral, que temen efectos indeseables y desmesurados de la respuesta penal, pero ¿cuál debe ser la respuesta, sino todo el peso de la justicia ante delitos injustificables?. Decía Fichte “la ejecución del criminal, no es una pena, sino solo un instrumento de seguridad”. Cada vez que una mujer cae víctima del maltrato, no solo se la lesiona, hiere, mata, sino que se damnifica la estabilidad social. Si se ignora este hecho, se pone cuestión el consenso constitucional, tan delicado y frágil. Siguiendo con Fichte, “quien abandona el contrato ciudadano, en un punto en el que en el contrato se contaba con su prudencia, sea de modo violento o imprevisión, en sentido estricto pierde todos sus derechos como ciudadano y ser humano, y pasa a un estado de ausencia completa de derechos”. De ahí la imposición de la pena y necesidad de su dureza, no solo destinada a sancionar hechos cometidos, sino a asegurar la inexistencia de aberrantes y similares hechos futuros. Se busca la eliminación de un peligro, no exclusivamente intentar infructuosamente la compensación de un daño (pues la pérdida de la vida no puede compensarse).

El terrorismo doméstico es una lacra, un cáncer a estirpar de nuestro alrededor. Las víctimas deben denunciar, la familia apoyar, los medios de comunicación ser responsables, y no sensacionalistas, y la sociedad concienciarse.

Desgraciadamente no solo debería contabilizar los homicidios, pues hay muchas más formas de violencia que se expande como la malaria: agresiones sexuales, maltrato físico y moral, tráfico de mujeres, y prostitución...¿sigo? ¿Qué hacemos para frenarlo? Nuestros legisladores tienen en su mano la batuta que dirige nuestro bienestar, nuestro poder judicial la potestad de consagrarlo, tú y yo el deber de luchar porque así se haga. Deber de cambiar los estereotipos y valores vigentes, educar a nuestro entorno sobre el valor de la mujer, sobre la dignidad y responsabilidad de ser parte de un colectivo, ciudadanos del mundo, con derechos y deberes, respetuosos con quienes nos rodean, ¿te vas a quedar de brazos cruzados?

CRISTINA ISABEL CARRETERO ESTEBAN

lunes, 12 de julio de 2010

FÚTBOL



Llevo todo el día cuestionándome si con esta entrada no alimento precisamente lo que deseo criticar. Me he debatido durante horas entre sentarme delante del ordenador y escribir, o tirarme de cabeza al agua, ahí al menos nadando un rato, me relajo y me aíslo de todo, pero el miedo a encontrarme un octópodo, tal vez el mis mismísimo Paul alemán, me ha quitado la idea de la cabeza, ¡si es que ni en mi mar estoy a salvo!.

He intentado, prometo que lo he intentado con todas mis fuerzas entender el fenómeno que invade estos días el país, no digo el mundo: el futbol, sí, ese deporte nacional que se les inculca a los críos desde que nacen, supongo que lo intención de crear futuros deportistas de élite que jubilen a sus padres con un sueldo estratosférico para el resto de sus días, ese, que ha supuesto miles de rupturas en las relaciones de pareja generación tras generación.

Concretamente, para dar muestras de buena voluntad en esta difícil misión que me había auto impuesto, en la noche de ayer acudí por vez primera en mi vida a visionar ese acontecimiento casi religioso para algunos que supone reunirse en torno a cerveza fría y una pantalla gigante en un bar para ver EL PARTIDO, mejor dicho, partidazo, porque anoche era la final del mundial. Contagiada de ese espíritu, empujada tal vez por compartir una vivencia histórica, por mezclarme de ese halo contagioso de euforia, esperando sentir la emoción desbordada que intuía a mi alrededor, ahí me tenéis enfundada en una camiseta roja por imposición de mi amiga Alicia que ataviada con todo lo que pudo y más, era fiel muestra del espíritu referido, que inclusive careciendo de ceras amarillas, usó pintalabios rojo para colocarse en el rostro” marcas de guerra”, mirando con los ojos como platos ese gran invento que “promueve el diálogo entre las personas”, la televisión, me tragué 120 minutos -más añadidos-, de pasión desmedida por el deporte rey. He de admitir que durante los 60 primeros incluso disfruté, desee los goles, y ni un bostezo hubo, pero transcurrido ese tiempo, solo deseaba que finalizara de una forma u otra esa cruel tortura a la que estaba siendo sometida, solo menguada por la compañía de mis amigos, aunque parecían tener ojos únicamente para la pantalla -todo hay que decirlo-, y por la conciencia de que mi país al que llevo en el alma estaba viviendo un momento inolvidable. Digo más, sufrí con el juego sucio de Holanda, me dolió la patada en el pecho a Xabi Alonso o la entrada a Busquets, me indigné con la permisividad del árbitro, vibré con el tiki taka de la selección, sonreí con las paradas del gran Casillas, ansié el buen juego -y los ojazos- de Llorente, inclusive se me aceleró el pulso con la emoción provocada con el gol de Iniesta, casi me levanto de la silla con el gol, ¡os juro que estuve tentada! a levantar los brazos y gritar, y por supuesto me alegré por la victoria, pero señores míos necesito un kit-kat, no más futbol, lo suplico, lo ruego de todas las formas posibles habidas y por haber. Yo, que lucí orgullosa la bandera de mi país durante mucho tiempo en mi muñeca, yo, que conozco el himno de mi España y que se me ponen la piel de gallina cuando lo escucho, yo, que me lleno de satisfacción cuando oigo “soy español”, yo, que creía que las muestras de patriotismo nunca eran exacerbadas, admito con todo el dolor de mi corazón, que por ahora no quiero ver la rojigualda ni en pintura, que estoy saturada, saturada de banderas, de camisetas rojas, del romántico y valiente beso de Iker a Sara, de cambiar de cadena y encontrar hora tras hora, una tras otra, la gente enloquecida, los goles repetidos, el autobús que si llega, que si no, a la Plaza de Neptuno, la misma imagen área durante nosecuantosmiles de horas, el pulpo adivino, y la madre que los trajo a todos. Que yo entiendo, que la gente quiere ser feliz, y que si ésto les hace feliz, y olvidar las penas por unos instantes bendito sea el futbol, que incluso a mí se me eriza la piel por ver ese entusiasmo que creo que es lo que mueve el mundo, esa pasión, esa garra, esa ilusión, que Zapatero tiene que haberse encomendado a todos los santos que le han hecho el favor de que los españoles olvidemos la crisis unos días, pero por favor, no más, no más…


martes, 6 de julio de 2010

CAMINO DE SANTIAGO



Ayer a las 17:45 mi avión tomaba tierra en Almería. Cuando descendía por la escalerilla del mismo, y el viento africano me golpeaba en la cara bajo un sol abrasador miles de pensamientos me invadían, pero el principal era uno, volvía de hacer el Camino de Santiago, me había empeñado, y había llegado.

Todo nació de una idea, hará cosa de un año, un proyecto más en mi vida, una meta más que cumplir que conseguí por fin materializar. Cuando meses atrás un importante amigo, me preguntaba las razones, sabía que eran muchas, no las tenía claras entonces, ni las tengo del todo ahora, quizá por eso me regaló un libro que me acompañó todo el trayecto Peregrinar por fuera y por dentro. Guía interior para peregrinos y caminantes, de Rodríguez Olaizola. Sí, ya sé que son 150 gramos añadidos de peso a la mochila, pero merecía la pena porque cuando llegaba al albergue cansada de una dura jornada me ayudaba a pensar en esas razones, que en su mayoría guardaré para mí, aunque no me importa compartir algunas de ellas con vosotros, como son los motivos religiosos y espirituales, la cuestión deportiva, la experiencia, el saber que puedo lograr lo que me propongo, el reto, la vivencia de compartirlo con gente a la que quieres, los paisajes, la relación con la naturaleza, el avanzar, el caminar, el olvidar, el ofrecer…

Han pasado 11 días desde que salí de casa, y ha habido tiempo para todo, para disfrutar, para sufrir, para casi llorar, para reír, para el dolor, para el gozo, para pensar, para hacerme preguntas, para tener propósitos, para arrepentirme de empezar a andar, para prometerme volver a hacerlo. Hace 11 días abandoné rutinas, para adentrarme en una experiencia que aun debo rumiar, un decir adiós a algo, para decir hola lo inesperado. He aprendido que se puede vivir con solo un par de mudas de ropa, una para lavar y otra puesta, y las demás sobran, aunque con el paso de los días, ni el jabón les devuelve la olor a limpio, pero eso es bueno, hace que aprecies un poco más la suerte que tenemos todos los días de no tener que prolongar demasiado tiempo esas situaciones a las que otros se enfrentan toda la vida. He aprendido lo bien que sabe la comida cuando te falta energía aunque se haya caído al suelo, o una buena ducha que sirva de calmante en los pies cansados y te reconforte por completo antes de tumbarte en un mullido colchón, quizá porque he sabido lo que es no tener esa agua, o dormir al raso, bajo el frío de la noche y la incertidumbre de la seguridad en medio de una calle. He recordado una y otra vez lo que cuenta, y lo que no, lo que es esencial, y lo prescindible, las personas que me ayudaban a avanzar, las creencias que me ayudaban a continuar, las canciones que me ayudaban a mitigar el dolor y agotamiento subida tras subida, bajada tras bajada por los montes – especialmente los de Arzúa-. He sabido que puedo caminar más de diez kilómetros sin parar para descansar a un ritmo vertiginoso con la esperanza de disfrutar una lata de bebida energética durante 10 minutos para seguir caminando, y que el sol es maravilloso, pero es preferible madrugar para verlo cuanto más tarde mejor cuando eres un peregrino. Decir 28 kilómetros hace dos semanas era una locura, decirlo hoy, es un hecho.

En el Camino como en la vida hay dificultades, como la oscuridad a las 5 de la madrugada por esos bosques y con la única luz de la linterna, como en la vida, la oscuridad de sentirte perdido, y a veces con linternas que no vemos, pero que están ahí. Dificultades como los 2- 3 primeros días de marcha, pero luego el cuerpo se hace al rito, como en la vida, la marcha de empezar nuevas etapas, desconocidas, y a las que tememos, pero que luego se van superando. Y el dolor, el que te sube por los muslos hasta las ingles cada vez que ascienden por la montaña, o el que te supone un suplicio cada vez que las bajas, o las ampollas, que yo no sufrí pero vi, que suponen que maldigas cada paso que das, cada vez que apoyas el talón, y las cervicales que los numerosos kilos de mochila te destrozan, porque TODO PESA, como en la vida pesan las traiciones, las desilusiones, las frustraciones, la incertidumbre, pero como en ella, todo pasa, todo se cura, queda el recuerdo, a veces la marca, esa cicatriz que traspasa el alma y a veces parece que va abrirse la herida, pero no te debe impedir avanzar, porque hay que saber seguir, continuar, pelear… Eso no quita que olvidemos nuestras limitaciones, pero menos aun que no tengamos en cuenta nuestras capacidades.

En el camino, hay tiempo para todo, para uno mismo, y para los otros, para pensar, y para compartir. En ocasiones vas delante, tirando de los tuyos, en otras, son ellos los que tiran de ti. Hay momentos en las que te ves con fuerzas y avanzas, y otros precisamente porque eres fuerte vas despacio para ayudarles a seguir, para dar ánimos, aunque esas paradas, y esperas, esos cambios de ritmo, merman por completo tus fuerzas. Cuando vas solo, reflexionas sobre mil cosas, pero en una de esas reflexiones otro peregrino te grita “buen camino”, y te hace salir de lo absorto en lo que te encontrabas, entonces, quizá, se inicia una conversación que puede durar kilómetros, no le preguntas su nombre ni él a ti, solo compartís la marcha, sin necesitar un hola, a veces ni un adiós, sabes que te los volverás a encontrar, en el albergue, en la siguiente etapa, en el paseo por el pueblo, sabes que compartirás la experiencia del día, que habrá un peregrino que te interrogará por si necesitas ayuda, por si vas bien, y que tú harás lo mismo, porque la sensaciones de la gente, las palabras de ánimo, la relación de afectividad se va forjando día tras día, paso a paso, izquierdo- derecho como diría mi amiga Mares.

En el camino encuentras personas que valen la pena, y hospitaleros que también te hacen el camino más fácil, como Cris de Sarria, del albergue A Pedra, que nada más vernos agotadas por no haber dormido nos ofreció una habitación que solo dejaba para los que iban muy mal, una casita acogedora donde pudimos recuperar fuerzas, su simpatía, su amabilidad, el recomendarnos alojamientos para el resto del camino, su predisposición, no hay nada malo que pueda decir de lo poco que le he conocido, y he de recomendar su albergue porque como he dicho es acogedor, a buen precio, limpio, familiar, con una cantina, me encantó, Cris incluso nos acompañó a hacernos fotos a su kilómetro 112`5, y se ofreció a ayudarnos en cualquier cosa que le necesitáramos durante el trayecto, sin duda éste hombre fue uno de los detalles que el Camino tuvo con nosotros. Y puesta a hablar del albergues, muy bueno el de Arzúa también, el Ultreia que tenía incluso un jardincito para compartir el rato con el resto de peregrinos, de nuevo éste también limpio, y una hospitalera de lo más amable. Buena impresión también del Seminario Menor en Santiago, Manuel el encargado era un tipo peculiar y atento, digamos que era simpático, pero esa simpatía que nace de la autenticidad, no de una búsqueda de ganarse elogios, es más ocultaba toda esa simpatía bajo una aparente formalidad pero que no conseguía engañar, te transmitía una sensación de conocerle de toda la vida, de sentirte a gusto cerca, muy acorde con el albergue, un edificio hermoso realmente, una construcción en piedra, de mediados del siglo pasado, en un perfecto emplazamiento, pues tenía unas vistas increíbles de todo Santiago, y después de varias noches en litera te ofrecía una cama individual y una taquilla para guardar pertenencias, además de un supermercado para realizar la compra del día, y al igual que los otros tres albergues la oportunidad de cocinar. Quizá como único punto negativo la gran distancia hasta los aseos recorriendo hileras de camas hasta llegar, y que se notaba sobre todo en mitad de la noche, cuando la oscuridad, y las ventanas abiertas en el edificio te producían escalofríos.

No puedo escribir sobre el viaje, sin hablar de las comidas, del queso de tetilla, el riquísimo pulpo a la gallega tomado en La Cantina, la tarta de Santiago, la gustosa carne, y las tostas a las que nos invitó mi galleguiña María en un bar de Santiago, no sé si es que el jamón con queso de cabra estaba delicioso o que el tomármelo con ella, a la que hacía tanto que no veía, a la que me costó decir adiós nuevamente, contribuyó a que tenga tan buen recuerdo.

En el camino, también pones en orden a las personas de tu vida, los que cuentan y los que no, la importancia de la familia, el valor de los grandes amigos, los que son solo conocidos, los que no merecen ni que nombres, los que son flecha amarilla, que como el camino te indican la dirección, lo que son la guía y referencia, incluso con todos los importantes se pone a prueba la relación, como se pone a prueba con los que viajas, las tensiones, y el cansancio pueden sacar lo mejor y lo peor de cada uno, enfados, reproches, pero también servicio, compañerismo, gratitud... A lo largo de senderos hay lugar también para conocer personas con las que jamás cruzarás una palabra, como la abuela de la Galicia rural que lava su ropa en la pila, o el abuelo que cuida del ganado para sentirse aun fuertes y útiles, como los niños que te miran intrigados tal vez imaginando si algún día ellos harán lo mismo que tu haces.

Y es que, el camino también es tiempo para el cambio, tiempo para sentir el gozo, al subir al monte del mismo nombre y saber que solo quedan 4 km. hasta Santiago, para marcar un antes y un después, para proponerte mejorar en tu vida, para examinar todo lo aprendido a lo largo de los días, para encontrarte contigo mismo mientras la alegría envuelve el momento allí arriba, para comprenderlo todo en la Comunión, y para materializarlo todo en ese abrazo a Santiago, llega el tiempo para proponerse nuevas metas, para sabernos un poco más sabios, para volver a la rutina, aunque con más experiencia, y para que como aquellos que alagamos el trayecto hasta Finisterre, saber que hasta que no pone kilómetro 0, aun se puede caminar, incluso cuando lo pone, aun se puede caminar, porque la vida es eso camino que nunca acaba, y como la vida, todo sigue después del 0.

Buen camino, peregrinos.


CRISTINA ISABEL CARRETERO ESTEBAN

lunes, 14 de junio de 2010

Geografía "HOY ES HOY"


El sábado 12, pasé un día de esos para recordar, de los míticos, esos que fotografías con tu cámara para no olvidar, pero ¿cómo olvidarlos…?, uno de esos que graban en la retina para siempre, y te hacen despertar con la sonrisa incrustada en tu cara y transmitir felicidad a tu alrededor. Pero no voy a dedicar la entrada a contaros mi jornada, eso es algo que se queda para mí, pero era inevitable comenzar con ella porque fue durante el transcurso de la misma cuando ocurrió la base para la entrada de hoy. Volvía en coche con un amigo de hacer senderismo cuando empezamos a recordar estrofas de canciones, y yo recordé Geografía, de la cual él se quedó con un verso “celebrando con un beso que HOY es HOY”, hasta entonces nunca había apreciado la belleza de esa canción, el contenido tan intenso, de celebrar que Hoy es hoy, porque da igual mañana, y da igual ayer, lo importante, lo que deberíamos valorar es el momento presente, el que vivimos, sin incertidumbres, sin temores, solo viviendo, y eso, es algo que lamentablemente no hacemos, la mayor parte de las veces, no sabemos detener el tiempo y quedarnos únicamente con el hoy. He de admitir para corroborar esto, que hoy me siento feliz, tanto como ayer, aunque mucho menos que el día previo, pero en todos la sensación de miedo, de decir, hoy estoy arriba, y cuando se está arriba solo se puede bajar, es algo que no desaparece, ojalá pudiera sentir y disfrutar la felicidad que tengo últimamente sin preocuparme de cuando acabará, cuando empezará su declive, pero, también he de decir que desde el sábado, el pensamiento de “hoy es hoy” retumba en mi cabeza, y cuando siento que el miedo se va a apoderar de mí, repito esas 3 palabras mentalmente y sigo sonriendo.


CRISTINA ISABEL CARRETERO ESTEBAN

lunes, 3 de mayo de 2010

Estado laico


De acuerdo al Art 16.3 CE “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y demás confesiones”. Es un artículo muy significativo y por encontrarse entre los fundamentales, es de hondo calado, pues exige un arduo proceso para su modificación.

Se desprende de ese artículo que cooperar el Estado con las confesiones no es una opción, sino una obligación. El Estado adquiere el compromiso de colaborar con la Iglesia Católica, en su sostenimiento y respeto de acuerdo al principio de libertad religiosa. Lo que afirma el 16.3 no es la no confesionalidad del estado sino la no estatalidad de las confesiones, un concepto que se presta a ser confundido con facilidad. Nos encontramos un sistema personalista y no paternalista ante lo religioso, el estado laico considera la opción religiosa como parte de la privacidad y libre elección del ciudadano y el Estado se limita a tutelar, velar por el ejercicio de dicha opción. Es Estado es incompetente de acuerdo al principio de laicidad en materia de credo religioso.

Estado laico y Estado laicista son dos fenómenos diversos. La laicidad no significa acabar con cualquier valor religioso y mantener la religión únicamente en el ámbito privado evitando e impidiendo cualquier manifestación externa, pues no es ateísmo o agnosticismo, dichas opciones expresarían un pronunciamiento del Estado de signo negativo. El Estado es lacio cuando examina lo religioso como factor inmerso en la realidad social, siendo susceptible de reconocimiento, garantía y promoción jurídicos. Consiste en que los ciudadanos y el Estado cooperen para que esa libertad religiosa sea posible.

España, se compromete en su Constitución a una actitud activa y positiva estableciendo en su LOLR un régimen jurídico pacticio con las confesiones que hayan alcanzado notorio arraigo en España. Y el notorio arraigo del catolicismo es muy a tener en cuenta, porque su libro en España no es una página de la historia en blanco, aunque los tiempos estén cambiando, y la práctica sea inferior la mayor parte de la sociedad creyente se sigue reflejando en su generalidad entre los católicos. La Iglesia pide:

1. Libertad para obrar en conciencia.
2. Libertad para anunciar la palabra de Dios., educar la fe y celebrar los sacramentos.
3. Libertad de organización interna.
4. Libertad para emitir juicios morales

En cuanto a tomar parte como Iglesia en determinadas posturas sociopolítica, en una sociedad democrática, tengo derecho a disentir de la ley, porque aunque sea Iglesia, no dejo de ser ciudadano, con libertad de pensamiento y opinión, derecho expresarla, y reconozco que cuando la Iglesia habla tiene efectos. La Iglesia además tiene derecho a recordar a los creyentes la importancia de su moral cristiana.

Dijo Bruno Forte “si el Dios de la Iglesia se ha metido completamente dentro de la aventura humana, la Iglesia de Dios no podrá quedar como espectadora de la Historia”.

Los cristianos somos un colectivo más, pero debemos saber hacer bien las cosas, la Iglesia desgraciadamente tiene muy mala imagen, en gran parte por sus detractores que conocen sus puntos débiles y hacen uso de la desunión que existe, y de grandes dosis de maldad, pero, tal vez también, porque en su afán por adoctrinar ésta, a veces se excede, y a la gente no se la engancha con doctrinas, sino con humanidad, tocándoles el corazón, la fibra sensible, mostrándoles lo positivo, y aceptando lo negativo con valentía, y luchando por erradicarlo. Como colectivo que somos debemos mostrar nuestro compromiso y vivencia de la fe en todos los sectores, en todo lo que hacemos, en cada minuto de nuestra vida, y no reducirlo a los rezos en la Iglesia.

En el voluntariado es evidente, debemos mostrar nuestra responsabilidad con lo más desfavorecidos, con los que carecen de nuestros privilegios. En la cultura, porque es la base de una sociedad y si se influye en ella positivamente, con horizontes claros, valores, convicciones fuertes, pueden obtenerse mejoras considerables. Si se omite la presencia de católicos en la cultura ocurre lo que escribió Alexis de Tocqueville:

Al gritar los que negaban el cristianismo y al callar los que aún creían en al, ocurrió lo que después hemos visto tantas veces entre nosotros, y no solo en materia de religión, sino en todas las demás. A los hombres que conservaban la antigua fe les asustó la idea de ser los únicos en permanecer fieles a ella, y temiendo más la soledad que el error, se unieron a la multitud, aun sin pensar como ella. De modo que lo que no era más que el sentimiento de una parte de la nación, pareció ser la opinión de todos, opinión que desde entonces pareció irresistible, incluso para aquellos que le daban esta falsa apariencia.

En cuanto a la intromisión en los medios de comunicación la mayoría de los ciudadanos se alimenta únicamente de la “cultura popular” transmitida sobre todo por los medios de comunicación de masas. Leía hace poco a González – Carvajal, que escribía que la presencia más importante de lo cristiano en los medios no está en programas de carácter religioso, sino en lograr una presencia “natural” de los valores humanos y cristianos en los relatos populares y en las narraciones de los mass media que alimentan los mitos y los valores de la cultura.
Si la cultura es la base del conocimiento y desde se conocimiento se pude influir, la política es sin duda le medio para hacerlo. Comparto la opinión de que el poder corrompe, pero la política es necesaria y es la vía para avanzar, para lograr metas, mejor estar dentro que fuera, solo es esencial que los que se dedican a ella velen siempre por mejorar las cosas y hacerlo con conciencia. Actuamos como somos, somos lo que creemos, no se puede separar lo personal de lo laboral por eso hay que acertar con quienes son las cabezas visibles de una institución como la Iglesia.
CRISTINA ISABEL CARRETERO ESTEBAN

lunes, 26 de abril de 2010

Barranquismo, la furia del río y la fuerza del grupo






Estuve el fin de semana haciendo barranquismo en Río Verde, y no merecería una entrada, si no fuera por algo que me maravilló, no solo el entorno, y la experiencia, sino que íbamos 13 personas, desconocidos unos de otros, de ciudades distintas, de formas de ser totalmente diferentes y acabamos formando grupo. No nos habíamos visto en la vida, pero eso no supuso inconveniente para que cuando las piernas nos flaqueaban en el ascenso por la montaña hasta el inicio del cañón, unos y otros se pararan para darnos ánimos a los que íbamos más cansados, así estaba Antonio; para que nos tomáramos un respiro, lo que hacía Oscar; para que alguno que estaba en la cima retrocediera para ofrecer un sorbo de bebida isotónica que nos revitalizara y nos ayudara a completar el ascenso, de lo que se ocupó Jaime. Los que estaban más en forma ayudaban a los menos deportistas a pasar sobre troncos caídos, y piedras que se deslizaban por la ladera, a ofrecerte consejos para que nos resbalaras en el terreno más inestable, eso era cosa de Ángel, y a sostenerte ramas que no te arañasen la cara, a tenderte su mano para trepar donde parecía imposible, o darte un empujoncito para subir en los tramos en que había que escalar sin apoyo suficiente.

Un grupo de desconocidos que sonreía ante mis pisotones en sus manos – pobre Alberto- y me agarraba del neopreno si me llevaba la corriente. Que compartía un par de barritas energéticas, un puñado de frutos secos, y 3 ó 4 huesitos entre todos los que íbamos, súper atenta Cinta, para que no nos diera “una pájara”, porque todos íbamos juntos, avanzábamos unidos entre la embestida del río que desplazaba los pies de donde los colocábamos y nos hacía resbalar, nuestras cansadas piernas ya no respondían a las órdenes del cerebro, y los brazos aferrados a las rocas no tenían fuerza para mantenernos erguidos después de varias horas de esfuerzo. Los más conocedores de la técnica como Sergio nos protegían asegurando la cuerda a los que nos iniciábamos en el rappel y no podíamos evitar que se nos encogiera el estómago cuando teníamos que inclinarnos hacia atrás en el borde de la estantería, ahí estaba de nuevo Jaime, encantador, haciéndonos sonreír, liderando el grupo y marcando el ritmo que pudiéramos seguir. Jose, fotografiando cada momento que disfrutábamos… Solo puedo decir que ha sido un día que no voy a olvidar que he disfrutado como pocas veces, que 13 personas acabamos siendo amigos, y que estoy más cansada de lo que he estado nunca, y aunque los arañazos en los tobillos, las magulladuras de las manos y los moratones de las rodillas, el agotamiento, que hace que no pueda mover un solo músculo de mi cuerpo sin sentir dolor me dice que no repetiría (o eso digo hoy...), si es una experiencia que recomiendo vivir a todo el mundo una vez en su vida.

martes, 20 de abril de 2010

La SATISFACCIÓN de fabricar un INDALO.


Estos días he descubierto que tenemos capacidad para hacer lo que nos propongamos. He fabricado un llavero, y teniendo en cuenta que en mi vida nunca había hecho algo así, me siento muy orgullosa.

Ahí me veis equipada con mi navaja, dándome cortes aquí y allá, con los músculos de las manos doloridos por su uso y por el de la lima, y raposas de lijar, con tensión permanente en el cuello, y todas las vértebras chirriando por la posición al serrar, intentando encontrar la belleza en un trozo de madera…, intentando encontrar su alma. Me he sentido –salvando las distancias-, un poco como Miguel Ángel ante la colosal piedra de mármol de la que obtuvo el David, y la satisfacción que me ha invadido al terminarlo tras muchas horas de dedicación ha sido similar a la que he sentido al entregárselo al nuevo propietario, porque cuando no podía ni cerrar los dedos anquilosados por el esfuerzo, o cuando me desperté ayer maldiciendo la hora de mi ocurrencia, solo el hecho de pensar que podía sacar una sonrisa al entregarlo, que la persona que lo iba a recibir merecía mucho más, y por supuesto menos debilidad por mi parte (soy una tirillas quejicosa), me devolvía la alegría y las ganas, y el interés por esforzarme y hacerlo lo mejor posible, y siendo yo una cabezota de primer grado cuando me propongo algo tan en serio, al final ha dado su fruto, y la gratitud que he recibido de quien ahora es su poseedor ha hecho que valiera la pena toda la dedicación.

Las cosas cuando nacen del cariño se van haciendo poquito a poco con una voluntad y una determinación que el dinero no podría pagar, lo que elaboramos, lo que ejecutamos porque nace de lo más profundo de nosotros llega siempre a buen puerto. Mi llavero no es perfecto, en más de una ocasión me pasé con la sierra, pero a pesar de ello a mi me parece el más bonito del mundo, porque ha nacido de mi esfuerzo, del cariño que puse al hacerlo, y sobre todo por el cariño inmenso que he recibido al darlo, es curioso como dando una pequeña parte de nosotros hacemos felices a otros y acabamos recibiendo siempre, siempre, mucho más.


lunes, 12 de abril de 2010

La lacra de la prostitución



Respondo con esta entrada a Roberto, que me pidió que me mojara en los temas y no me limitara a colgar lo que me interesara sin más. Y aun sabiendo que esa actitud es más controvertida, y hace mucho, muchísimo que no me atrevo a sentarme ante un folio en blanco por lo que mi práctica anda por los suelos, lo intentaré por esta vez.

LA LACRA DE LA PROSTITUCIÓN

Sería una actitud insensata la mía, y la de cualquiera, vendarse los ojos ante una realidad a todas luces palpable. La prostitución –la profesión más antigua del mundo-, existe. Está en nuestras calles, en los soportarles, en viviendas colindantes a la nuestra; a veces camuflada del rótulo de sauna, masajes, otras explícitamente anunciada, está la prostitución de los que tienen papeles y de los que no, de los hetero, homo, y transexuales, para todos los gustos, consentida, y denostada, pero esta ahí… Nos encontramos caminando entre dos sectores claramente diferenciados, los partidarios de su legalización y los que promueven su erradicación.

En el Capítulo V del Título VIII de nuestro código penal encontramos los delitos relativos a la prostitución y corrupción de menores. El Art. 187 dice “1. El que induzca, promueva, favorezca o facilite la prostitución de una persona menor de edad o incapaz, será castigado con las penas de prisión de uno a cuatro años y multa de doce a veinticuatro”, agravándose en supuestos que a lo largo del citado artículo y capítulo expone.

¿Cuáles son las claves de su existir?, al menos dos bastante obvias. En primer lugar, la que aunque creo minoritaria, es imposible descartar: la búsqueda del placer, tanto por el cliente, como por la persona que lo dispensa. La segunda, la carestía de patrimonio por parte de la misma. Hay quien se echará las manos a la cabeza por mi primera afirmación, es cuestión de opiniones; el fin de semana veía la película de Krzysztof Kieslowski Tres colores: Azul, en un momento determinado una de las actrices de una trama secundaria, afirmaba que se dedicaba a lo que lo hacía porque le gustaba, así de sencilla y tajante fue su frase, lo hacía porque a todo el mundo le gustaba (queda patente que no compartimos opinión). En cuando a la segunda premisa, qué duda cabe cuando vemos diariamente en las páginas de nuestros diarios, artículos dedicados a la trata de blancas, pornografía, inmigración…

Antes de avanzar más, diré que es evidente que mi postura es contraria a la existencia de un hábito que ataca de frente el Art 10.1 CE, en lo referente a la dignidad de la persona y sus derechos inherentes, es un atentado a los Derechos Fundamentales, un agravio a los Derechos Humanos, siendo una actitud reprobable. Comerciar con el cuerpo, poner un precio a algo que debería surgir fruto del amor según mis convicciones, o al menos de la libertad real, muestra hasta que punto se denigra a la persona. La cuestión es de ética básica, ni aun no existiendo coacción, intimidación, para dichos hechos, hay ausencia de libertad que nace de las condiciones deprimentes de las personas que la llevan a la práctica, carestía económica, falta de recursos, déficit cultural, drogadicción, la entrada en un círculo de autodestrucción fruto de esos acontecimientos y raíz para que se sigan produciendo.

La situación es trágica, dolorosa para las oferentes, pero también para la colectividad, para la sociedad en su conjunto. ¿Qué puede decir una madre a su hija de 10 años cuando le pregunta por qué hay una mujer en medio de la carretera, o en la esquina de una calle, en un parque, en pleno invierno con escasez de ropa, o peor aun, inclusive sin ella, cuando el buen tiempo aflora?.

Es un problema que requiere ayuda del Estado para facilitar programas eficaces que luche por su erradicación, y combatan concienciando a las personas que se dedican a su práctica, que eduquen en la igualdad y en el valor del SER, que ofrezcan ayudas para reinsertarse a una generalidad en condiciones laborales dignas para que no se recurra a un extremo ignominioso para la persona. Se debe sancionar duramente a los proxenetas, individuales o de organizaciones, condenas ejemplarizantes para ellos y para los que acuden a dichos servicios, de forma que el consumidor entienda lo errado de su conducta.

Cierto que la legalización otorgaría a este colectivo ciertos derechos, entre otros acceso a la sanidad, protección, derechos sindicales, pero, los antecedentes de otros países muestran que seguiría existiendo un sector ilegal, y aumentaría el tráfico. Entraríamos de esta forma, en el debate de si todo vale, sea cual sea el precio, y aquí se estaría pagando uno muy alto, la dignidad. La cuestión no está en si vives en una chabola pintártela de azul para que este “mona”, sino eliminar esa situación humillante, tirarla y darte una casa. Del mismo modo no podemos dar unas condiciones que mejoren lo infame, no podemos, no debemos ser permisivos con algo que supone un atropello a la moral, sino eliminarlo.

miércoles, 7 de abril de 2010

Son huellas en la arena



Bienvenidos a Son huellas en la arena. ¿Son huellas en la arena?, sí, porque como los pies que caminan por ella todo lo que transcurre en nuestra vida se marca en nosotros, a veces la tormenta traerá olas que borren esas pisadas, o quizá lo haga el viento, otras solo serán acaricidas por el mar, hasta formar parte de él. Como esas huellas nuestra existencia es efímera, pero ocupamos un momento en el tiempo, un lugar en la orilla, un instante cargado de belleza.

Este blog nace con como vehículo para plasmar todo aquello que considero digno de reproducir, de compartir con el resto del mundo, todo ello que me ha provocado algún sentimiento, bien rabia, tristeza, alegría, dolor, miedo, entusiasmo, ternura…, o bien me ha podido llevar a una profunda reflexión. En realidad no está muy definido el tema del mismo, podríamos englobarlo en el terreno de las emociones. Con él logro dos pretensiones, una la satisfacción de una necesidad propia, la de compartir algo que me ha llegado, y dos, intentar que a vosotros también pueda aportaros algo. Os ruego no seáis exigentes conmigo, pues esta aventura no pretende premios, ni elogios, es solo una andadura en la que quiero, deseo, que vosotros mis amigos participes con vuestros comentarios o simplemente vuestra atenta lectura.

A veces compartiré cosas que no os gusten y con las que no estéis de acuerdo, porque puede colgar un apunte sobre política, religión, una canción, una película, una noticia, una fotografía, un libro… aun no lo sé bien, no juzguéis muy duramente, otras no comprenderéis la razón de lo que os ofrezco, o yo no la dejaré muy clara…, pero ahí reside la magia, pues todo lo que hacemos en esta vida, nace de un por qué. 

Deseo adjuntaros como parte de mi presentación un cuento de Manuel Sánchez Mongue:

Una noche soñé que iba andando por la playa
con Dios. Y que se proyectaban en el cielo muchas
escenas de mi vida. En cada cuadro veía
huellas de pisadas en la arena. A veces las de
dos personas y otras sólo las de una.
Observé que durante los períodos más difíciles
de mi existencia se veían huellas de una sola
persona. Y dije:
- Me prometiste, Señor, que siempre caminarías
a mi lado. ¿Por qué cuando más te necesité no
estabas conmigo?
Él respondió:
- Cuando viste las huellas de una sola persona,
hijo mío, fue cuando tuve que llevarte en brazos.
Manuel Sánchez Monge. “Parábolas como dardos”