¿Son huellas en la arena?, sí, porque como los pies que caminan por ella todo lo que transcurre en nuestra vida se marca en nosotros, a veces la tormenta traerá olas que borren esas pisadas, otras soplará el viento, otras solo serán acaricidas por el mar, hasta formar parte de él. Como esas huellas nuestra existencia es efímera, pero ocupamos un momento en el tiempo, un lugar en la orilla, un instante cargado de belleza.

lunes, 16 de febrero de 2015

De candil, velas y puntas de iceberg



Es tu luz y tu cruz.
Es  tu vida y tu muerte.
Es tu alivio y sufrimiento.
Es herida y ungüento.


Como los clips que encuentran en el fondo del cajón,  o las nubes en el cielo azul, que parecen algodón deshecho en el cojín del alma.


Lo de menos son las veinte tiendas para tres velas o las sonrisas congeladas en una imagen o en témpanos de hielo. Al final un papel ilumina tanto al candil, como la vela que sueña por arder con el aliento de Dios a las brasas.



jueves, 25 de diciembre de 2014

SI DIOS ESTÁ CON NOSOTROS... Es Navidad




Llegaste con motivos,

llegaste a dar sentido, llegaste a buscar,
igual – seguramente – 

que el resto de la gente, la Felicidad.

Luis Guitarra


lunes, 3 de noviembre de 2014

martes, 21 de octubre de 2014

De puertas y personas





Ésta es la historia de un niño que, todos los días, se peleaba con su hermano, con sus padres, compañeros del colegio, etc …
Una tarde, su padre le entregó un paquete. El niño muy curisoso lo desenvolvió rápidamente y se sorprendió muchísimo al ver ese extraño regalo: era una caja de clavos.
El padre lo miró muy fijo y le dijo:
 “Hijo mío, te voy a dar un consejo: cada vez que pierdas el control, cada vez que contestes mal a alguien y discutas, clava un clavo en la puerta de tu habitación”
El primer día, el niño clavó 37 clavos en la puerta.
Con el paso del tiempo, el niño fue aprendiendo a controlar su rabia, por ende, la cantidad de clavos comenzó a disminuir. Descubrió que era más fácil controlar su temperamento que clavar los clavos en la puerta.
Finalmente llegó el día en que el niño no perdió los estribos.
Su padre orgulloso, le sugirió que por cada día que se pudiera controlar, sacase un clavo. Los días transcurrieron y el niño logró quitarlos todos.
Conmovido por ello, el padre tomó a su hijo de la mano y lo llevó hasta la puerta, y con suma tranquilidad le dijo:
“Haz hecho bien, hijo mío, pero mira los agujeros… la puerta nunca volverá a ser la misma. Cuando dices cosas con rabia, dejan una cicatriz igual que ésta. Le puedes clavar un cuchillo a un hombre y luego sacárselo. Pero no importa cuántas veces le pidas perdón, la herida siempre seguirá ahí. Una herida verbal es tan dañina como una física. Recuerda que los amigos son joyas muy escasas, consérvalos, cuídalos, ámalos, pero no los lastimes, hay daños que son irreversibles y no hay perdón que los sane”
El niño comprendió la enseñanza de su padre y la agradeció profundamente; se dio cuenta de que al enojarse no sólo causaba daño a los demás, sino que también se daña a sí mismo. A partir de ese momento jamás volvió a tener que controlar su ira, porque decidió actuar siempre guiado por el amor
Y tú, ¿cuántos clavos y/o agujeros tienes en tu puerta?

Buenagente (Algo de franciscansimo)





Un día Francisco
                                             le dijo al Señor entre lágrimas:

                                             «Yo amo al sol y a las estrellas.
                                             Amo a Clara y a sus hermanas.
                                             Amo los corazones de los hombres.
                                             Y amo todas las cosas bellas.
                                             Señor, perdóname,
                                             porque solo debería amarte a ti».

                                             El Señor, sonriente, respondió:
                                             «Yo amo al sol y a las estrellas.
                                             Amo a Clara y a sus hermanas.
                                             Amo los corazones de los hombres.
                                             Y amo todas las cosas bellas.
                                             Mi querido Francisco,
                                             no tienes por qué llorar
                                             pues todo eso lo amo yo también».

martes, 7 de octubre de 2014

Un tiempo para todo... ¿?







Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles.

Sal. 126


Con la fe de un niño





"Haz las cosas como si todo dependiera de ti
 y confía en el resultado,
 como si todo dependiera de Dios"

 S. Ignacio




En milagro el barro







Debes amar la arcilla que va en tus manos.
Debes amar tu arena hasta la locura.
Y si no, no la emprendas que será en vano.

Sólo el amor alumbra lo que perdura,
sólo el amor convierte en milagro el barro.

Debes amar el tiempo de los intentos.
Debes amar la hora que nunca brilla.
Y si no, no pretendas tocar los yertos.

Sólo el amor engendra la maravilla,
sólo el amor consigue encender lo muerto.



Silvio Rodríguez